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Ni la
larga espera ni la torrencial lluvia pudieron aguar los
ánimos de quienes presenciaron el concierto de un grupo
con nombre de leyenda: The Wailers. Aquel que acompañó a
Bob Marley durante un buen tiempo se presentó el lunes
24 de septiembre en la Concha Acústica de Bello Monte,
pero sin gran parte de sus adorados músicos originales.
Negusa Nagast fue la contraparte nacional, que abrió los
fuegos, aún cuando unas primeras gotas de lluvia
amenazaban con disgregar a la ansiosa audiencia.
Comenzaron con su toque pasadas las 4:00 pm, y se
bajaron entre aplausos, casi una hora después y justo
cuando la lluvia arreció.
De ahí en adelante, pocos pudieron mantener seco su
cuero cabelludo. Si en la tarde el calor arreciaba,
ahora era la lluvia la que hacía de las suyas. Pero nada
de eso importó.
Los Wailers se subieron a la sencilla tarima, mientras
la fanática gritaba y otros trataban de hacerlo, pero
desde afuera, esperando a comprar algún ticket o a
entrar al recital de la manera que fuera.
La oncena de músicos comandada por Family Man basó su
repertorio en las esperadas canciones clásicas del
reggae, junto a otras más recientes y muy parecidas.
Destacaron Redemption song, Exodus y Get up stand up.
La música fue inherentemente bailable, y todo el mundo
en el concierto se compenetró. Muchos temas fueron
vividos y coreados de principio a fin.
The Wailers son un extraño amalgamiento sin Marley, su
líder de los años 60. Siguen estando, por supuesto,
rodeados por sus raíces, gracias a la presencia de
algunos miembros originales (Family Man, Al Anderson y
Earl Lindo), pero sonaron como cualquier veterana banda
de reggae, con un pequeño pero potente sonido de
teclado, y un vocalista que asumió con dignidad las
notas de Marley. Nada nuevo en el mapa musical.
Elan Atías se convirtió en la voz principal del grupo en
1997, y mostró un registro bastante similar al de muchos
otros exponentes del género. Con eso se bandeó entre
tiempos de funk, rock, zouk, soukous y, por supuesto,
fusionados con el reggae.
El peculiar ambiente se fundió con la atinada puesta del
show, en medio de un bosque. Esto, junto a la
iluminación que coloreó los vapores de los cigarros y a
las vestimentas -rojas, verdes y amarillas, dibujó un
cuadro con la "buena vibra" que predicaban los músicos.
Es legítimo el reclamo que Family Man -fundador de la
banda- hizo antes de llegar a Caracas: "Bob Marley es
The Wailers". Pero la cosa no ocurre a la inversa. Aun
con su batería de auténticos músicos, The Wailers perdió
hace más décadas una parte de su alma.
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